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El tucumano que se casó en Italia en medio de los terremotos
Sábado 02 de Junio de 2012 07:45:43 | Su historia recorrió los medios del país europeo. La gente lo tomó como una luz de esperanza entre tanta destrucción. Tuvieron que ir a vivir al campo.

La santiagueña Melisa Cantarutti y el tucumano Leonardo Tumminelli. /Foto: El Liberal | Ampliar imagen
Melisa Cantarutti es una santiagueña añatuyense de 30 años que el sábado 26 de mayo contrajo matrimonio con Leonardo Tumminelli (26), un tucumano a quien conoció en Italia, donde vive desde el año 2007.
Pero su historia no habría tomado tanta trascendencia –incluso en la prensa peninsular- de no ser porque decidieron casarse en medio del peor terremoto que azotó el norte del país, con cientos de edificios históricos totalmente destruidos y más de 17 mil evacuados.
“Esperamos traer un poco de optimismo entre tanto desastre”, dijeron tras formalizar su unión por civil, la que ya estaba planificada desde hace tiempo, mucho antes del primer terremoto del domingo 20 de mayo, que provocó enormes daños en la región de Emilia Romagna, donde se encuentra la provincia de Módena, dentro de la cual está la pequeña comunidad de Mirándola, donde viven estos argentinos.
Precisamente, ese primer terremoto –el segundo fue el martes 29- los arrojó de la cama en el segundo piso de un edificio de departamentos que tuvieron que abandonar de inmediato, por precaución.
En contacto telefónico con Melisa, relató lo vivido en las últimas dos semanas, entre los terremotos, sismos cotidianos y su casamiento.
En una carpa
Además, de pasar los días en una carpa que montaron con su esposo en el patio de la casa de su cuñada, en una zona semirrural, a unos 13 kilómetros de Módena.
Pero no lo hicieron por falta de comodidades, sino porque nadie se anima a pasar demasiado tiempo debajo de techo sólido.
“Me casé el sábado pasado, después del primer terremoto. Lo teníamos organizado ya desde el año pasado, y a pesar de que todas las cosas que teníamos preparadas ya no están más, decidimos preparar nueva ceremonia más sencilla”, explicó con leve acento italiano que se confunde con la “erre” y las “eses” santiagueñas.
“El primer terremoto fue el domingo 20 a las cuatro de la mañana. Antes de eso habíamos sentido como a la una de la mañana un sacudón bastante fuerte, porque nos sacudió la cama y se abrieron las ventanas. Primero tuvimos un gran susto porque no sabíamos qué pasaba, y la primera reacción fue intentar salir de la casa, pero mi marido me tranquilizó. Me decía que era solamente un temblor, que no iba a pasar nada, y nos volvimos a dormir. El segundo temblor fue a las cuatro, pero ya era un terremoto que duró aproximadamente 23 segundos. Después nos enteramos de que en realidad fueron al menos diez temblores sucesivos. Fue horrible”, recordó.
“La primera reacción fue pánico. Yo empecé a gritar porque había ruidos horribles a nuestro alrededor, no nos podíamos mover, todo se caída al suelo, se escuchaba el crujir de las paredes y reventones por todas partes. Parecía que todo se venía abajo”.
“Afortunadamente nuestra casa no sufrió muchos daños. Mi marido me calmó y esperamos que todo se tranquilizara, después salimos a la calle. Ahí nos encontramos con mucha gente llorando, pánico y muchos edificios por el suelo”, señaló con pesar.
Mirándola es una ciudad pequeña, no más grande que Añatuya, con unos 25.000 habitantes, aunque allí predominan los edificios altos, y hasta el 20 de mayo, tenía un enorme patrimonio histórico en edificaciones que tenían no menos de trescientos años. Desde la iglesia, hasta la municipalidad, teatros escuelas y plazas.
“Nada de eso existe”, se lamenta Melisa.
En qué trabajan
Melisa trabaja como técnica de radiología en el hospital de la ciudad, cuyo edificio no existe desde el 20 de mayo. Ahora, el Estado italiano está levantando otro nuevo en el mismo lugar.
Leonardo trabaja en un taller mecánico de la misma ciudad, donde también hubo daños importantes y tuvieron que cerrar.
Ahora, ambos están gozando de la licencia por matrimonio hasta el 10 de junio, aunque la luna de miel no es ni por cerca lo que se habían imaginado.
“A mí me gustaría ir a Santiago, a ver a mis familiares en Añatuya, pero con todo esto no tenemos dinero para los pasajes. Pero si alguien nos quiere ayudar, sería una gran alegría”, expresó la santiagueña que a pesar de los años y de encontrarse tan lejos, no se olvida de la tierra donde creció.
Fuente: http://www.elliberal.com.ar/ampliada.php?ID=44920
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