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¿El uso de Internet mejora o arruina nuestro cerebro?
Sábado 27 de Octubre de 2012 09:23:29 | Nunca el cerebro humano tuvo en la historia un impacto tan profundo como el que produce la red. Los resultados, según el neurocientífico Gary Small, de la Universidad de California.
Internet no ha cambiado solamente la forma en que las personas
producen, se comunican y se divierten. Altera, además, el
funcionamiento del cerebro.
Esa es la conclusión de un estudio
conducido por el neurocientífico estadounidense Gary Small, director
del Centro de Investigaciones en Memoria y Envejecimiento de la
Universidad de California (UCLA).
La investigación fue hecha con
voluntarios de entre 55 y 76 años, que fueron sometidos a pruebas de
resonancia magnética funcional mientras navegaban por Internet.
“Percibimos que la exposición a la red fortalece algunos circuitos
neuronales. Hacemos más con el cerebro, gastando menos energía”,
explica Small. De acuerdo con el investigador, Internet puede ser una
fuente de ejercicios para la mente, atenuando la degradación provocada
por la edad. Pero eso ocurre sólo cuando hay un uso moderado ya que la
sobreexposición tiene efectos nocivos.
Periodista: Usted afirma
que, desde que el hombre primitivo descubrió cómo usar una herramienta,
el cerebro humano nunca fue afectado de un modo tan rápido y dramático
como lo está ahora. ¿Por qué?
Gary Small: Es una consecuencia del uso de las computadoras y, más
específicamente, de internet. Nuestros circuitos cerebrales están
formados por las conexiones entre las neuronas, por las sinapsis. Esos
circuitos responden en todo momento a las variaciones del ambiente. Al
pasar horas frente a la computadora, ya sea para investigar, mandar
mails o hacer compras, las personas están exponiendo el cerebro a una
tormenta de estímulos. Por eso, el uso de la tecnología digital altera
nuestros circuitos cerebrales.
Periodista: ¿Cuáles son las consecuencias de la exposición a los estímulos digitales?
Small: El uso de internet tiene resultados positivos para el
funcionamiento del cerebro. Eso fue lo que comprobamos en estudios con
un grupo de voluntarios de más de 55 años. Pero el problema surge
cuando se exagera. Pasar 10 horas por día frente a la computadora puede
reducir las aptitudes de una persona para el contacto personal, como
mantener una conversación cara a cara.
Periodista: ¿Cómo sucede eso?
Small: Técnicamente, la sobreexposición a los estímulos constantes de
internet afecta a la mayoría de los circuitos corticales y a la capa
externa del área gris del cerebro, lo que incluye los lóbulos frontal,
parietal y temporal. El resultado de esto es que se produce un
reforzamiento de los circuitos cerebrales que controlan las habilidades
tecnológicas. Pero los circuitos relacionados con las habilidades
sociales son dejados de lado.
Periodista: ¿Qué tipo de habilidades sociales perdemos?
Small: Una elevada exposición a la tecnología parece disminuir nuestra
capacidad de captar ciertos detalles durante una conversación. Dejamos
de leer las informaciones no verbales existentes en la charla, como la
postura corporal y los gestos. Esto también fue constatado en un
estudio reciente, hecho con 200 personas de entre 17 y 23 años. El
trabajo dio como conclusión que cuando esos jóvenes jugaban un juego
violento, se reducía la habilidad para reconocer el contexto emocional
de algunas situaciones. En cuanto jugaban, veían fotos de personas y no
identificaban con rapidez si estaban a punto de llorar o si fruncían
las cejas, con una expresión malhumorada.
Periodista: ¿Los jóvenes son los más afectados por esa exposición excesiva a la información digital?
Small: Sí. Muchas veces pasan más tiempo en internet que cultivando los
contactos sociales directos. Y un joven que está en pleno desarrollo es
más vulnerable. Su cerebro no desarrolló completamente el lóbulo
frontal, la sección que nos diferencia de los animales y que controla
los pensamientos más complejos y nuestra capacidad de planificación.
Periodista: ¿Eso acentúa las diferencias entre los jóvenes y los adultos?
Small: Sí. Además de la tradicional brecha entre generaciones, marcada
por las diferencias de valores, actitudes y preferencias culturales,
estamos asistiendo a la aparición de una brecha cerebral que separa a
los jóvenes de los adultos. De un lado, están los nativos de la era
digital. Ellos nacieron después de los´80, en el mundo de las
computadoras, en el que se sumergen las 24 horas del día, los 7 días de
la semana. Del otro lado están los inmigrantes digitales, aquellos que
conocieron las computadoras y las tecnologías de la era digital siendo
ya adultos.
Periodista: ¿Cuáles son las diferencias entre los dos grupos?
Small: Los típicos inmigrantes digitales, que en general son personas
de más de 30 años, fueron entrenados de un modo muy diferente en cuanto
a la socialización y al aprendizaje. Hacen las tareas paso a paso, y de
a una por vez. Aprenden metódicamente y ejecutan los trabajos de una
forma más precisa. Con las habilidades más dirigidas hacia el contacto
social, son más lentos en lo que se refiere a la adaptación y uso de
las nuevas tecnologías. Los nativos digitales son mejores para tomar
decisiones rápidas y para agrupar una gran cantidad de estímulos
sensoriales del ambiente.
Periodista: En un clic conseguimos la información que queremos. ¿Eso
nos hace reflexionar menos? ¿Nos torna más impacientes?
Small: Creo que sacrificamos la profundidad por la amplitud. Como
tendemos a buscar constantemente informaciones en internet, nuestra
mente va de un sitio a otro. La tecnología nos incita a seguir siempre
adelante, en lugar de hacernos parar para reflexionar. Es posible que
esa característica de los medios tecnológicos, si va combinada con la
exposición excesiva, nos lleve a un trastorno del déficit de atención e
hiperactividad. También puede conducirnos a la adicción tecnológica.
Periodista: ¿Por qué dice usted que el exceso de tecnología provoca estrés y daña los circuitos cerebrales?
Small: La revolución digital nos sumergió en un estado de continua
atención parcial. Estamos permanentemente ocupados. La atención parcial
continua es diferente de la multitarea, en la cual tenemos un propósito
para cada una de las acciones paralelas y tratamos de mejorar nuestra
eficiencia y productividad. Cuando prestamos atención parcial de manera
continua, colocamos a nuestro cerebro en un estadio más elevado de
estrés. No tenemos tiempo para reflexionar, analizar o tomar decisiones
meditadas. Las personas pasan a vivir en un constante estado de crisis,
en alerta permanente, sedientas de un nuevo contacto o de un nuevo bit
de información.
Periodista: ¿Eso ocurre en los sitios de contacto social?
Small: Sí. Cualquier tecnología en exceso, tanto Twitter como un simple
mail, puede provocar este estado de excitación. Cuando nos
acostumbramos a eso, tendemos a buscar el éxito en una conectividad
permanente. Y eso alimenta nuestro ego y sentido de valor propio. Es
algo irresistible. En ese sentido, las redes sociales son
particularmente seductoras. Nos permiten satisfacer de manera constante
nuestro deseo humano de compañía e interacción social.
Periodista: ¿Esto también les sucede a los inmigrantes digitales?
Small: Recientemente, muchos inmigrantes digitales se han sumergido
tanto en las nuevas tecnologías que perdieron parte de las habilidades
vinculadas con el contacto social. Y entonces sufren los mismos
síntomas que un nativo digital típico apabullado por el exceso de
tecnología: se sienten aislados cuando no están online, tienen dolores
de cabeza, problemas de atención, irritabilidad y hasta fobia social.
Aun cuando los inmigrantes digitales tengan bien entrenadas sus
habilidades sociales y de comunicación directa, el exceso de exposición
a la tecnología puede desencadenar un desequilibrio en la vida
profesional y en la relación con las otras personas. Las soluciones a
esto apuntan a la búsqueda de un equilibrio entre adaptarse a las
nuevas tecnologías y alimentar nuestras habilidades y sensibilidades
humanas.
Periodista: Su investigación también señala aspectos positivos del uso de internet.
Small: La tecnología trae problemas cuando es usada en exceso. Con un
uso moderado puede ser nuestra gran aliada. Mi investigación, hecha con
personas de entre 55 y 76 años, muestra que el uso de internet da como
resultado un aumento significativo de la actividad cerebral. Se produce
en áreas involucradas en el control de la toma de decisiones y en el
razonamiento complejo, aquel que nos diferencia de los animales.
Periodista: ¿Qué significa eso?
Small: Que el uso de la web puede fortalecer circuitos neuronales. Eso
nos permite hacer más con el cerebro, gastando menos energía. Después
de 5 días de entrenamiento, todos los voluntarios (inclusive aquellos
que no estaban familiarizados con la red) mostraron mayor actividad
mental.
Periodista: ¿El problema es sólo de la tecnología?
Small: No. El impacto negativo potencial de la nueva tecnología en el
cerebro depende mucho del contenido, de la duración y del contexto en
que se dé esa exposición. Creo que, hasta cierto punto, las
oportunidades para desarrollar las redes neuronales que controlan las
habilidades del contacto cara a cara también se están perdiendo (o, al
menos comprometiendo) a medida que las familias se vuelven más
fragmentadas. Tal vez la tecnología sólo ayude a apartar a las personas.
Periodista: ¿Cómo será el cerebro en el futuro?
Small: En un futuro no muy distante tendremos la capacidad de
monitorear y estimular la actividad de células cerebrales individuales.
Los científicos ya cuentan con los aparatos necesarios para hacer esto,
por medio de una proteína fotosensible controlada por luz láser, cuyos
rayos podrán estimular a las neuronas. En breve también, podremos
chequear y corregir nuestro circuito neuronal por medio de controles
remotos, semejantes a los de la TV. Tendremos también implantes mínimos
en la cabeza, que le permitirán a nuestra mente conectarse a
computadoras y harán que las máquinas entiendan los comandos ordenados
por el cerebro. A medida que nuestras computadoras se tornen más
rápidas y más eficientes, y cuando esos implantes se vuelvan una norma,
en lugar de discutir sobre la brecha cerebral entre generaciones, vamos
a debatir las brechas que existen entre una computadora y un cerebro
humano. Ese es uno de los temas que dominó la ficción científica
durante años. Como se ve, el futuro puede ser la ficción actual. /Noticias.uol.com.ar
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